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Primera División B, el mejor campeonato  de Chile

Por Nicolás Aguilera

El deporte, como actividad humana, tiene muchas características que lo hacen único. Una de las principales es la competencia, aquello que te impulsa a rivalizar  contra tu adversario para superar un desafío y alcanzar una meta. En el fútbol esto se aprecia con total claridad cuando 11 jugadores se enfrentan a otros 11 que buscan imponerse convirtiendo más goles que su rival.

¿Qué puede ser más bello que ver a dos equipos poner a prueba sus virtudes para conquistar una victoria? Esa emoción, esa incertidumbre y ese deseo de superación son parte de lo que nos enamoró del fútbol. Frases como “no siempre gana el mejor” nos refleja que el fútbol desafía permanentemente la lógica y convierte lo improbable en posible, un partido nunca termina de escribirse hasta el pitazo final.

El fútbol chileno, con sus distintas competencias, puede jactarse de contar con una tradición profesional de casi un siglo. A lo largo de su historia ha vivido etapas memorables. Los años cincuenta, por ejemplo, destacaron por la diversidad de campeones, con clubes como Everton, Palestino, Santiago Wanderers y Audax Italiano llegando a conquistar sus primeras estrellas. Lo mismo ocurrió en los setenta, cuando Huachipato, Unión San Felipe, Unión Española y Palestino alcanzaron la gloria. Los años noventa también dejaron huella, con equipos chilenos llegando a lo más alto del continente: Colo-Colo (campeón de América), Universidad Católica (subcampeón del conosur) y Universidad de Chile (semifinalista de la Copa Libertadores). Épocas inolvidables que fortalecieron un fútbol de forma circunstancial, pero que no perduraron ni forjaron una mirada a largo plazo.

Un nuevo fútbol

Sin embargo, con la llegada de la televisión de pago (y el aumento de  ingresos casi impensados al fútbol chileno), comenzó a instalarse una lógica distinta. El dinero por la transmisión de partidos, iba a ser la base del sustento económico de los clubes al transformarse en sociedades anónimas. 

El formato de clubes deportivos tampoco se proyectaba por buen camino: deudas, sueldos y cotizaciones impagas a jugadores y cuerpos técnicos, eran algunas de sus falencias. Una excusa perfecta para cercenar una rica historia de años del deporte chileno. Ahora todo era negocio y los socios de antaño se transformaron en meros consumidores.

Es en estos momentos donde se evidencia uno de los principales problemas del fútbol chileno profesional: la igualdad para competir. Con una visión estrecha y mezquina, se decidió que los clubes más grandes concentran la mayor parte de los beneficios económicos, solo por ser ellos: “los más populares”. Esto evidenció que también había una oligarquía en el fútbol chileno, si se puede llamar de alguna forma a este reducido grupo de clubes privilegiados sobre otros.

Los dólares por la televisación llegaron en abundancia, pero el reparto fue profundamente desigual. Los clubes grandes pasaron a recibir mucho más dinero que el resto, reproduciendo una realidad conocida en el país, donde una pequeña parte de la población concentra gran parte de los recursos. El resultado fue una competencia desequilibrada, afectando uno de los principios fundamentales del deporte: la igualdad de condiciones para competir.

Pero hubo una competición  que quedó fuera de esta lógica. Quizás por ser mirada en menos o por no contar con la presencia de los tres grandes del fútbol chileno: la Primera B. En esta división se siguió otro camino, el de la distribución equitativa de los ingresos. Todos reciben la misma cantidad de dinero proveniente de la televisión (obviamente menor a la de la primera división), generando una mayor paridad entre los clubes y fortaleciendo la competencia deportiva.

¿Y qué ha producido esto? A mi juicio, el mejor campeonato de Chile.

¿Cómo llegar a esta conclusión? Existen varias razones, todas discutibles y subjetivas, por supuesto, pero si algo tiene el fútbol es la libertad de opinar.

El mejor campeonato

Generalmente la primera B recorre desde el extremo norte al más extremo en el sur, desde la costa, al interior, lo que la hace ser muy representativa del territorio chileno. 

Participan clubes con una enorme tradición, profundamente arraigados en sus ciudades y comunidades. Parece que haber nacido ahí, determina el club que eliges para toda tu vida. La identidad local (y personal) está latente en esos equipos. Cuántos cracks de antaño siguen viviendo en la misma ciudad y otros ídolos casi olvidados viven en el anonimato como cualquier vecino más.

Muchos estadios han sido remodelados en los últimos años y varios de ellos están diseñados exclusivamente para el fútbol, sin las pistas atléticas que muchas veces alejan al público de lo que ocurre dentro de la cancha, por lo que la experiencia fútbol resulta mucho más cercana y  atractiva para sentir el juego. No hay mucho que envidiar a la primera división. Y si queremos sumar aún más mística, se mantienen un par de estadios pequeños, de madera, rústicos. Es como estar en los años 80. Es viajar en el tiempo. Eso sí que es experiencia.

También están los clásicos, las rivalidades históricas y los equipos que han construido una identidad propia dentro de la categoría. Incluso,pareciera que hay clubes que son parte eterna de esta división. 

Cada temporada la lucha es intensa. Los ascensos, la permanencia y las liguillas de promoción convierten cada punto en algo tremendamente disputado. Llegar a los últimos meses significa observar una tabla de posiciones estrecha, donde tanto arriba como abajo se disputan partidos decisivos. 

Los últimos años han sido de estrechez máxima, considerando que tres de los últimos cuatro torneos se definieron in extremis. El menos disputado fue el de 2024, donde Deportes La Serena resultó campeón con tres fechas aún por disputar. Todos los  demás fueron muy peleados en la parte alta de la tabla, sobre todo en  las últimas fechas. Como dato, sólo  Coquimbo Unido se repite como campeón en la última década. Esta rotación de los favoritismos es muy atractiva, la novedad es continua. La lucha es hasta las últimas fechas. La incertidumbre refleja que es competencia pura. 

Esto es emocionante y atractivo para cualquier hincha (y más para quien puede disfrutar desde la imparcialidad). La competencia es brutal en cada temporada y resultan reiterativos los comentarios de los periodistas deportivos sobre lo atractivo que es el campeonato de la primera B.

Podemos poner en duda que el juego sea tan vistoso, refinado, o de buen pie, pero el pundonor con que se disputa la actualmente llamada “Liga de Ascenso”, te entrega mayores niveles de dramatismo. Solo para dar un ejemplo claro, la  inolvidable final de 1997 entre Rangers y Everton, en un Fiscal de Talca repleto y una lluvia que regaló un decorado perfecto para un partido inolvidable, con triunfo para los locales por 4-2, el cual fue transmitido para televisión abierta para todo el país lo que lo hace más recordado:

Y qué decir de la parte baja de la tabla. Solo pensar en el descenso ya resulta devastador para cualquiera. Perder la categoría significa también perder los ingresos de la televisión, un golpe que puede comprometer la estabilidad de la institución. Caer a la Segunda División Profesional es, para muchos clubes, asomarse al infierno. El regreso es una batalla despiadada, donde apenas un cupo permite volver. Nadie quiere llegar allí, porque salir es infinitamente más difícil que entrar.

Si bien las barras violentas también están presentes y persisten conductas que dañan la convivencia en los estadios, en general todavía resulta más sencillo y cómodo asistir a los partidos. No existe la exagerada cantidad de encuentros catalogados “de alto riesgo” que muchas veces termina alejando al público familiar. Acá los hinchas siguen a sus clubes más allá de los resultados. La división es compleja y eso sus seguidores lo entienden y lo tienen asimilado.

La Primera B conserva algo que el fútbol moderno parece haber perdido en parte: identidad, pertenencia, cercanía con las comunidades y de los hinchas que siguen acompañando a sus clubes más allá de las categorías o los resultados. Hay más hinchada repartida en cada club, uno solo no se lleva toda la torta de aficionados.

Quizás por eso, más que una división de ascenso, la Primera B se ha transformado en el último gran refugio de la competencia auténtica, por lo menos en este país. Y cuando la competencia es pareja, cuando cualquiera puede ganar y los partidos se definen en la cancha y no en las diferencias presupuestarias, el fútbol recupera su esencia.

Por eso, desde acá catalogamos de manera provocadora a la Primera División B no solo como una categoría más. Si no, simplemente, el mejor campeonato  de Chile.

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