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Pioneras: Rosario Moraga la madre de Colo Colo

Por Sebastián Núñez Mardones

Dimensionar la labor de una mujer en los albores del siglo XX es una tarea compleja y muchas veces imposible. La historiografía tiene una enorme deuda con el rol de la mujer en el desarrollo de la sociedad y, por tanto, existe un enorme oscurantismo en torno a su trabajo y aporte. El deporte, en especial el fútbol, no es ajeno a este fenómeno. Su estructura siempre limitó la participación y la dirigencia a los hombres, relegando a la mujer a tareas de colaboración y siendo siempre nombradas como “la esposa de…”, como si carecieran de nombre o identidad.

Rosario rompe los esquemas, en su labor de madre despliega toda su capacidad como promotora de los deportes. Debido probablemente a la muerte de su esposo, es ella quien se hace cargo de la labor formadora de la familia.

La Escuela Normal es fundada en Santiago bajo las ideas del liberalismo a mediados del siglo XIX, y el deporte se presenta como gran oportunidad para desarrollar sus idearios. Por ello, no es de extrañar que en 1897 se formara un club de fútbol en el seno de esta institución. Desde ese momento, las siguientes generaciones de profesores normalistas tendrán contacto con el deporte y sus virtudes, y cuatro de los hermanos Arellanos Moraga se nutrirán en esta institución, y estas ideas serán parte importante de la formación de la familia liderada por Rosario Moraga.

La progenitora apoya a sus hijos para que organicen y participen de clubes deportivos, instituciones que buscaban el mejoramiento de las condiciones humanas a través del ‘higienismo’, lo que nos da luces de una mujer liberal y fuera de la norma para la época.

 

Primeros años

María del Rosario Moraga Delgado nació en Concepción el 4 de octubre de 1864, hija de José Dolores Moraga Íñigo y Flora Delgado Vilugrón. Su niñez y adolescencia la vivió en su ciudad natal. Contrajo matrimonio religioso con el carpintero Antonio Arellano en la Iglesia el Sagrario de Concepción el 2 de junio de 1887, y siete meses más tarde nace su primer hijo, Pedro Pascual, quién fallece un año más tarde. En 1889 nace su hijo Alberto, quien será su más fiel compañero y un segundo padre para sus hermanos y hermanas menores.

En 1890 nace Marta, quien fallece con apenas ocho años de un ataqué cerebral. Al año siguiente nace Paulina, quien fallece en Santiago a la edad de 16 años enferma de tuberculosis, enfermedad que cubrirá de luto el hogar de los Arellano Moraga.

En 1895 la familia se traslada a Santiago, donde Rosario y Antonio se casan por el civil el 20 de octubre de 1896. Ese mismo año nacen los mellizos Francisco y Carlos. En 1898 y 1900 nacen Ana Luisa y Rosalía, quienes fallecen a los pocos meses de nacidas. Tras la tragedia, el 29 de julio de 1901 nace David Alfonso, el fundador del Club Colo Colo y también su mayor pena.

En 1904 nace Alejandro Liborio y, tres años más tarde, Eduardo del Carmen, quien fallece a los pocos días de su nacimiento. Por último, ya con 42 años, nace su último hijo, José Guillermo, quien será su fiel acompañante en los años más complejos.

En 1901 la familia cambia de residencia desde avenida Latorre a la Calle Covadonga casa 104, en el barrio de Estación Central. Años más tarde cambiarán a su domicilio definitivo en la misma calle, pero a la casa número 143. En 1925 Alberto compra la propiedad para su madre, lugar donde Rosario vivirá sus últimos años.

Alberto Arellano

 

Una nueva tragedia familiar

Cuando Rosario creía su vida avanzaba con normalidad, su esposo Antonio enferma de tuberculosis, por entonces una enfermedad mortal. Ahora se enfrentaba a una situación compleja, cuidar a su esposo enfermo y hacerse cargo de siete niños y niñas entre dos y 19 años. Finalmente, Antonio Arellano Hernández fallece el 6 de octubre de 1911, dejando a Rosario viuda y desamparada.

 

Tres hijos al norte

En 1907 Alberto ingresa a la Escuela Normal de Santiago, donde se une al Club Magallanes, siendo parte del Baquedano (o Magallanes II) que milita en la segunda división de la Asociación de Football de Santiago.

En 1910 Alberto recibe su título de profesor normalista y, un año más tarde, es enviado al norte para ejercer la docencia. En 1912 es nombrado profesor del Instituto Comercial de Arica. En ese viaje se lleva a sus hermanos David y Francisco, quienes ingresan al mismo establecimiento en calidad de internos.

Alberto Arellano en Arica

 

Los hijos deportistas

Rosario tuvo seis hijos varones que lograron llegar a edad adulta, y sin duda Alberto fue quien sembró entre sus hermanos el amor por los deportes, siendo jugador y/o dirigente en los clubes donde participó. Francisco, David y Guillermo fueron los más destacados de la familia, llegando los tres a representar a Chile en contiendas internacionales de fútbol.

Alberto, Guillermo y David se convirtieron en profesores normalistas y siguieron una carrera docente. David, además, se gradúo de profesor de educación física.

Alberto en el Magallanes II

 

La gira de Colo Colo

Tras el fin del Campeonato Sudamericano de 1926, que vio una lúcida participación del equipo chileno, comienza a gestarse una idea en la mente de algunos dirigentes de Colo Colo, realizar una gira por América y Europa. Lo que al principio había sido tomado como una broma, en pocos meses se transformó en una realidad. El 2 de enero de 1927, a bordo del vapor “Venezuela” se embarcan tres de los hijos de Rosario: su hijo mayor Alberto en calidad de dirigente, y Francisco y David como jugadores. Solo dos de ellos regresarían con vida.

La gira internacional inicia en Ecuador, luego los chilenos recorren Cuba y México antes de embarcarse el viejo continente, dejando a su paso grandes actuaciones y recuerdo inolvidables.

El periplo por Europa comienza en España, en la ciudad de La Coruña, el 3 de abril enfrentan al Eiriña de Pontevedra, al cual vencen por 4-3 en el Estadio Riazor. El 7 y 10 abril en el mismo estadio juegan dos partidos frente al Real Deportivo Español, donde caen derrotados por 0-2 y luego empatan a dos tantos en la revancha.

El siguiente destino del club albo es Portugal, y el 13 de abril en el estadio Capo do Covelo enfrentan a la selección de Oporto-Salgueiros, que derrotan a los chilenos por 2-1. En Lisboa corren mejor suerte y el 15 de abril vencen al combinado Benfica–Sporting por 4-2. Sólo dos días más tarde, en la misma ciudad, vencen al Victoria F.C., regresando al día siguiente a España.

Tras su paso por tierras lusas vuelven a España y juegan el 14 de abril frente al Athletic Club de Madrid, donde caen derrotados por 1-3. El equipo vuelve a trasladarse, esta vez, a Valladolid, lugar donde se desatará la tragedia. El primero de mayo se enfrentan al desaparecido Real Unión Española, al que vencen por 6-2, partido donde David se luce marcando uno de los goles.

Al día siguiente se juega la revancha, empatando a tres goles, resultado que pasaría a segundo plano ya que, en medio del partido, David sufre un golpe en el estómago que le significó salir de la cancha. Ahí comenzarían las horas más trágicas del equipo albo. Alberto relataba ese momento: “El accidente fatal se debió a un golpe violento que recibió mi hermano en el estómago, comprometiéndole el hígado. El mismo lo comprendió así, pues cuando fui en su auxilio, para recogerlo de la cancha, inmediatamente me dijo: “Alberto, de esta no me salvo”[1].

Partidos jugados en Europa antes de la muerte de David:
Fecha Estadio Lugar GV GL Rival
3/04/1927 Estadio Riazor La Coruña, España 4 3  Eiriña de Pontevedra
7/04/1927 Estadio Riazor La Coruña, España 0 2  Real Deportivo Español
10/04/1927 Estadio Riazor La Coruña, España 2 2  Real Deportivo Español
13/04/1927 Campo do Covelo Oporto, Portugal 1 2  Selección Oporto-Salgueiros
15/04/1927 Campo Grande Lisboa, Portugal 4 2  Combinado Benfica-Sporting
17/04/1927 Cancha del Victoria Lisboa, Portugal 1 2  Victoria FC.
24/04/1927 Stadium de Madrid Madrid, España 1 3  Athletic de Madrid
1/05/1927 Plaza de Toros Valladolid, España 6 2  Real Unión Deportivo
2/05/1927 Plaza de Toros Valladolid, España 3 3  Real Unión Deportivo

 

La muerte de David

Luego del accidente, David es traslado a su pieza en el Hotel Inglaterra. Tras sufrir fuertes dolores le es suministrado una inyección anestésica. Sebastián Salinas, el más importante investigador de la historia de Colo Colo, en su libro por ‘Por empuje y coraje’ relata las últimas horas de Arellano: “David se quedó dormido unos pocos minutos, para luego despertar diciendo: Hermanitos, acabo de ver a mi mamacita que me decía que me estaba esperando. Ese instante fue la primera oportunidad en que la delegación chilena pensó seriamente en la posibilidad de que el capitán falleciera.

¡Alberto!, ¿Por qué no me llevan a una clínica? ¡Estoy tan mal, si supieran qué dolor tan grande!”, repitió en la noche. Al aclarar el siguiente día, David Arellano se siguió quejando. Al ver que el caso escapaba de las manos, los doctores llamaron a otro facultativo”.

Varios médicos revisaron a David y todos coincidieron que se debía esperar lo peor. Salinas relata ese momento: “Carlos Cariola se atrevió a preguntar a Morales: “Doctor, ¿es que se muere David?” La esperanzada pregunta solo obtuvo como respuesta: “¡Es caso perdido! ¡Hay que esperar solo algunas horas para el desenlace final! No hay remedio”.

Pese a los fuertes dolores que sentía, sus últimas fuerzas David las ocupó para preocuparse de su “noviecita” (así llamaba a su madre): “Cuiden a mi mamá. Que sepa poco a poco esta desgracia…. Estas palabras fueron sus últimos encargos. Dicho esto, agregó un suave: “Adiós, mamá…”. Esas serían sus últimas palabras. El 3 de mayo a las 18:45 horas hora, dejó de existir David Arellano Moraga, por entonces la más luminosa estrella del fútbol chileno.

Caricatura Revista Estadio

 

Rosario y la desgracia.

El martes tres de mayo la familia recibe un cable telegráfico desde Valladolid enviado por Carlos Cariola: “Consecuencia golpe David Arellano gravísimo. Urge ayuda afrontar desgracia”.

La madre de David estaba aún convaleciente de una operación cuando recibió la noticia. En el periódico La Nación se indicaban detalles de aquel penoso momento: “El domingo último, la señora Rosario había soñado que uno de sus hijos había caído herido en un partido en Europa y estaba con el presentimiento de la desgracia. Cuando se le comunicó que David estaba enfermo, en el acto expresó: “No me engañen, ya que mi hijo ha muerto”.

Los amigos trataron hasta el último minuto de ocultarle la verdad; pero todo fue en vano”.[2]

 

El funeral de David y el regreso de sus hijos

El cuerpo de David se trasladó al hospital Provincial de Valladolid para la autopsia, donde fue visitado por una numerosa concurrencia. El funeral se realizó el 4 de mayo en una tarde lluviosa de Valladolid. Sus restos fueron sacados del hospital en los hombros de los jugadores presentes en el fatídico partido. Los jugadores de Colo Colo y el Real Unión Española llevaron a David al cementerio de Valladolid, y en el camino recibieron el cariño de toda una ciudad. Las autoridades dieron las condolencias a la comitiva, especialmente a sus dos hermanos, Alberto y Francisco, quienes estaban destrozados por la muerte de su querido hermano. El periódico La Nación dio cuenta de la magnitud de la congoja: “Más de seis mil personas entre las que figuraban todos los elementos deportivos y predominaban los escolares y populares. Larga fila de automóviles cerraba el fúnebre cortejo. El paso de la triste comitiva fue presenciado por una gran muchedumbre, que se descubría respetuosamente, teniendo palabras de condolencia y simpatía”.[3]

David siendo velado en Valladolid

En el cementerio Manuel Bravo tomó la palabra: “Ahora, nuestro capitán David Arellano queda aquí; en suelo acogedor y hermano, pero muy lejos del suelo en que nació. Allá en aquella tierra nuestra, queda una madre atribulada, la pobre vieja amada, anciana y venerable que despidió tres y solo abrazará dos al regreso, porque el otro queda aquí por siempre.

Llevamos un recuerdo de tristeza, pero no de rencor. Nadie aquí es culpable, fue la fatalidad. Si vuestra efusión de hermanos merece recompensa, sea ésta, el recuerdo afectuoso que dedicamos al joven compañero vuestro causante involuntario de esta desgracia que lloramos a la par. Sabemos de su dolor, de su tortura que prueba su nobleza y bondad. Y ahora, David, compañero entrañable, amigo infortunado: “Adiós, duerme, duerme, duerme, y espera, porque está entre hermanos y queda contigo nuestro corazón”.

Al día siguiente, en un diario de Valladolid, el equipo chileno dejaba sus agradecimientos: “(…) Llevamos en medio de nuestro dolor, el consuelo de saber que David no queda en tierra extraña, y que sobre su cuerpo frio, manos bondadosas en homenaje a su lejana madre, pondrán flores frescas y rezarán por su alma. En nombre de un pueblo, os agradecemos los hombres las atenciones. ¡Y en nombre de una madre, os encomienda un huésped, una mujer!”.[4]

Terminado el funeral, los hermanos Arellano inician su regreso a Chile, mientras el resto del equipo continúa la gira como un homenaje a David. Alberto lo relata: “La jira, hasta Valladolid, iba en esplendida forma. Principalmente nuestra estadía en México fue soberbia. Después nada he sabido, porque preocupado de nuestro duelo, solo pensé en el más pronto regreso para estar luego al lado de mi madre que, como ustedes ven, sigue delicada de salud[5].

El 30 de mayo llegan a Chile Alberto y Francisco Arellano, los acompaña Togo Bascuñán que no tuvo fuerzas para seguir con la gira después de la muerte de su mejor amigo. Tras descender del tren en la Estación Mapocho, provenientes desde Buenos Aires, se dirigen a su casa a pocos metros del lugar, La Nación dio cuenta de ello: “Inmediatamente nos dirigimos a la casa habitación de la familia Arellano, para recoger las primeras impresiones de los viajeros. Llegamos a ese hogar, tan hondamente afectado por la desgracia acaecida con la muerte de David, en los precisos momentos en que la madre recibía a sus dos hijos en medio de un dolor indescriptible, al presentársele más visible la ausencia del que se fue para no volver”.[6]

 

Rosario Moraga, la madre de Colo Colo

El nacimiento y desarrollo del club albo tienen directa relación con el apoyo de Rosario. Puso a disposición su hogar para transformarlo en la primera sede y, junto a costureras amigas, confeccionaron las camisetas y pantalones de los jugadores. Incentivó a sus hijos a practicar deportes y fue socia fundadora.

La muerte de David fue un duro golpe para la señora Rosario. Para muchos, su dolor y pena fueron lo que la llevaron a la muerte pocos meses después. Producto de un cáncer fallece en Santiago el 20 de abril de 1928, cuando aún no se cumplía un año de la muerte de David.

Los periódicos santiaguinos en sus páginas deportivas informaron de la noticia: “Antenoche ha dejado de existir en esta capital la señora Rosario Moraga viuda de Arellano, madre de los conocidos footballistas hermanos Arellano, pertenecientes al Colo-Colo, como asimismo del reconocido David, fallecido el 3 de mayo último en Valladolid, durante la gira de este club por Europa.

La señora Moraga de Arellano fallece después de haber soportado con cristiana resignación una grave dolencia, ante la cual fueron inútiles los recursos de la ciencia y los solícitos cuidados de los suyos.

Su fallecimiento ha repercutido expresamente en el seno de la entidad alba para lo cual ella tuvo siempre especiales atenciones”.[7]

Sus funerales se realizaron el sábado 21 de abril, a las 10:30 horas. La Nación lo gráfica: “Una numerosa concurrencia de socios del club albo, conocidos deportistas y dirigentes dieron un significativo homenaje a la respetable señora que en vida siempre supo alentar todas las sanas manifestaciones de carácter deportivo. Entre los concurrentes, destaca el presidente de Colo Colo, señor Carlos Bello. Hizo uso de la palabra Juan Quiñones en nombre de Colo Colo. Después de varios discursos se procedió a cubrir la tumba con numerosas coronas enviadas por las colectividades amigas entre las que destacan los profesores de la Escuela Normal y Colo Colo”.[8]

Diario La Nación

En 1929, Alberto publica un libro titulado “David Arellano Moraga, un deportista mártir”, obra también dedicada a su madre, donde plasma el carácter de doña Rosario: “Y este libro de homenaje debe serlo para la señora Rosario Morada v. de Arellano que supo engendrar a hombres y que cumplió su misión honrosamente en esta vida, ella supo de sufrir con entereza todos los dolores de la vida, jamás sus labios fueron manchados con blasfemia, fue la verdadera madre, la que marchó delante de sus hijos, la que puso su corazón en la senda por donde ellos debían pasar, y los quiso con serenidad de mujer y con misticismo de santa”.

En otro pasaje de esta hermosa obra, Alberto deja en evidencia la importancia de doña Rosario en los orígenes del club: “Debemos dejar especial constancia de que el nombre de “Colo-Colo” fue puesto a indicación de Luis Contreras; y que desde el primer momento fue su consejera, su inspiradora doña Rosario Moraga v. de Arellano (Q.E.P.D.), a quien los muchachos, hasta el día de su muerte consideraron como su madre espiritual.

Al conocerse la noticia de la muerte de David en España, el gobierno chileno se comprometió a repatriar los restos de David, situación que recién se concretaría dos años más tarde, por lo que Rosario se marchó sin poder darle el último adiós a su querido hijo.

Repatriación de los restos de David Arellano, 1929.

En 1931 su hijo Guillermo, en una entrevista otorgada a la revista Los Sports, recordaba a su madre con especial cariño: “Se recuerda a doña Rosario Moraga, que amaba tanto el football y cuya afición le costó un hijo, el más querido…”.

Fuentes:

  • Diario El Mercurio de Santiago
  • Diario La Nación
  • Diario La Época de Arica
  • Revista Sucesos
  • FamilySearch
  • Registros parroquiales del Arzobispado
  • Libro “Por Empuje y Coraje”, Sebastián Salinas

Agradecimientos:

  • Sebastian Salinas Gaete
  • Rino Curotto

Referencias:

  • [1] La Nación, 31 de mayo de 1927
  • [2] La Nación, 5 de mayo de 1927.
  • [3] La Nación, 1 de junio de 1927
  • [4] La Nación, 1 de junio de 1927, firma Ida Vergara de Cariola y el equipo.
  • [5] La Nación, 31 de mayo de 1927
  • [6] Idem
  • [7] La Nación, 21 de abril de 1928
  • [8] La Nación, 22 de abril de 1928

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