15 años: 13 en Europa y 2 en México. El registro anterior describe el recorrido de Iván Zamorano tras salir casi en silencio del medio nacional rumbo a Suiza, que fue la primera estación de su dilatada y reconocida trayectoria jugando fuera de Chile: Por eso, a muchos no sorprendió la declaración que despachó en vísperas de la final del torneo de Clausura 2002 entre Colo-Colo y Universidad Católica: “Cuando me fui de Chile, jamás imaginé que jugaría en algunos de los clubes más importantes del mundo… Regreso con la satisfacción del deber cumplido… Quiero formar mi hogar acá y realizar todos los proyectos que tengo. Por ejemplo, la Ciudad Deportiva y mi fundación. Además, por supuesto, cumplir el sueño de mi padre: jugar en Colo-Colo”. Con 35 años, Zamorano entendió en ese caluroso diciembre que su hora de jugar por los albos se avecinaba, por lo que se dio a reunirse con el síndico Juan Carlos Saffie para ultimar detalles de una negociación que no se extendió tanto.
En el partido de vuelta de la final del Clausura, que supuso la estrella número 23 para el Cacique, ‘BamBam’ se apersonó en las tribunas del estadio Nacional para reafirmar que estaba a detalles de firmar para la exigente campaña 2003 del equipo que incluía los torneos de Apertura y Clausura, la fase de grupos de Copa Libertadores de América y la clasificación nacional a la Copa Sudamericana (la entonces llamada “pre Sudamericana”). Sin embargo, dentro de los tiras y afloja de este tipo de negociaciones, se especulaba con la firma por un semestre, para calzar así con el deseo del jugador de retirarse de la actividad (ya había dicho adiós con la selección en septiembre de 2001). Finalmente, el jueves 26 de diciembre, se acordó la incorporación del mundialista en Francia ’98 a Colo-Colo. “Estamos convencidos del aporte que puede ser como persona y como jugador. Él está pensando en seis meses y respetamos ese pensamiento”, señaló el síndico Saffie al momento de citar para la presentación del flamante refuerzo, el viernes 27 de diciembre cerca del mediodía. Se cerraba así una operación que comenzó a fraguarse en octubre de ese ajetreado 2002 para Colo-Colo y en momentos en que el jugador defendía al América de México, club desde el que se despidió con un título.
La presentación de Iván Zamorano en Colo-Colo coronó un excelente cierre de año, engalanado con el título obtenido ante la UC y dejó para el recuerdo una sentida conferencia de prensa donde el ariete expresó que “se ha cumplido un sueño. Era un anhelo muy personal el de jugar en el equipo de mi vida, en el club de mi padre, quien estoy seguro, tiene un palco en el Monumental para venir siempre a verme… Estoy trabajando de la mejor manera posible para poder llegar bien y estar al nivel de mis compañeros. Ya tengo planeada mi pretemporada y estaré como todos los jugadores del plantel el día 10 de enero”, sentenció en una emotiva y sencilla ceremonia de presentación, coronada con la postura de la camiseta con el número 9.
Tras la puesta a punto física, el esperado debut de Zamorano se produjo el viernes 31 de enero en el Superclásico amistoso disputado en Temuco, en el que Universidad de Chile se impuso por 3-0. “BamBam” reemplazó a Manuel Neira en el minuto 67 y no gravitó en el juego, dominado de principio a fin por los azules. Los veintitrés minutos de Zamorano fueron el aperitivo de la presentación oficial, fijada para el jueves 6 de febrero en Guayaquil, por Copa Libertadores ante Barcelona (Ecuador). En el estreno continental, el 9 disputó el segundo tiempo y naufragó junto al equipo y regresó a Chile con derrota 2-0 que dejó mucha tarea a los dirigidos por Jaime Pizarro, sorprendidos por goles antes de los diez minutos en cada período: “tuve un par de ocasiones para anotar, pero no se pudo. Creo que a nadie le gusta perder, pero no se puede decir que hayamos sido mezquinos”, fue la sentencia del goleador tras el encuentro.
Superada la página del debut en Libertadores, Colo-Colo se enfocó en la fecha 1 del Torneo de Apertura, donde esperaba recibir a Audax Italiano en el Monumental. El domingo 9 de febrero, Iván Zamorano comenzó a edificar el sueño de su padre con dos goles en la victoria 6-4 ante los itálicos, que exhibieron a un descomunal Salvador Cabañas, que anotó los cuatro tantos de su equipo. Zamorano dejó el encuentro en el minuto 62, con el marcador 4-1 y bajo la ovación de los cerca de 10.000 espectadores que llegaron a presenciar el debut del ídolo. En la segunda fecha, Colo-Colo visitó a Unión Española en Santa Laura, donde nuevamente se vio el gran momento del delantero en el torneo, abriendo el marcador en el minuto 65 tras centro de Miguel Ángel Romero, que le permite a Zamorano batir a Hernán Caputto.
Para no dejar dudas de su capacidad goleadora, Zamorano, ya con la jineta de capitán, se anotó con un nuevo gol (el cuarto suyo en el torneo) en el empate 1-1 ante Universidad Católica en el Monumental, apegado a su libreto clásico: el anticipo al defensor (Cristián Álvarez) y el cabezazo certero para batir a Leonardo Cauteruchi, arquero cruzado: “fue un gol importante, porque se nos estaba complicando el partido. La Católica se nos estaba metiendo atrás y manejando bien la pelota”, señaló el goleador, envalentonado para el partido que días después mediría a los albos ante Boca Juniors por la segunda fecha de Copa Libertadores. El 1-2 ante los argentinos condicionó las aspiraciones chilenas a avanzar en el torneo, mostrando un equipo inseguro y sin variantes para solucionar el puzzle planteado por Carlos Bianchi, estratega boquense. En el partido Zamorano fue buscado insistentemente vía centros, pero fue contenido por Schiavi y Burdisso. Pese a todo, el delantero se las arregló para fabricarse un penal que supuso el 1-1 transitorio.
Las buenas sensaciones del arranque en el torneo se detuvieron de golpe con la noticia de un “microdesgarro” de tres milímetros en la pierna derecha del goleador. La inesperada lesión sacó al goleador de las citaciones albas en las fechas 4 y 5 del torneo, para reaparecer recién en la fecha 4 de la Copa Libertadores, en el empate 1-1 ante Barcelona (Ecuador) que sentenció el destino albo en el torneo, dejándolo con 4 puntos y una incómoda chance de avanzar, con dos partidos como forasteros en el cierre de grupo.
La reaparición de Zamorano se produjo en un aburrido empate sin goles ante Universidad de Chile, que hizo noticia antes del pitazo por el duelo que sostendrían los referentes de ambos equipos en el ataque: a la presencia de “BamBam” se sumó la de Faustino Asprilla en la “U”, lo que no alcanzó para romper la paridad de un partido que no estuvo a la altura de lo que representaban ambos equipos en la tabla de posiciones (los albos estaban terceros con once puntos, mientras los universitarios tenían ocho unidades en el cuarto lugar).
Marzo terminó para Zamorano con un nuevo empate, esta vez ante Rangers de Talca, donde el delantero sumó 90 minutos más pese a que seguía sin anotar. Recién en abril retornaron los abrazos para el delantero, que encontró un doblete ante Coquimbo Unido, que puso fin a 474 minutos sin anotaciones personales. El 4-0 conseguido en el puerto lavó las heridas de la eliminación de Copa Libertadores y encaminó al equipo al gran objetivo del semestre que sería alzar el trofeo del Apertura.
Los desafíos de la selección chilena para 2003 se resumían en iniciar el camino clasificatorio a Alemania 2006, por lo que el torneo nacional enfrentó un receso que dio paso a una serie de encuentros amistosos de La Roja. Lo anterior postergó el inicio de la postemporada, dando tiempo a Zamorano para recuperarse en parte de las dolencias que estaban pasándole la cuenta a sus 36 años. El sistema de postemporada en Chile estrenó en 2003 los sextos de final, por lo que el 0-3 recibido ante Cobresal en la ida de la llave de playoffs hizo que al equipo le bastase derrotar en los 90 minutos de la vuelta a los mineros para asegurar su avance a cuartos de final. El gol de oro conseguido por Cobresal en la prórroga, solo adornó la estadística y permitió emparejar a los albos contra la UC en cuartos de final. El 19 de junio, los cruzados levantaron un 0-2 en contra casi al minuto 80 y se quedaron con la ida en el Monumental por 3-2. En ese encuentro, el goleador ingresó en el minuto 58. En la vuelta, jugada en el Nacional, Zamorano ingresó nuevamente en el tiempo suplementario (minuto 98) con el marcador 1-0 en favor de Colo-Colo, por lo que la definición se estiró hasta los penales, donde el delantero anotó su lanzamiento, pavimentando el triunfo por esa vía y eliminando al favorito a esa altura. Tras el triunfo, Iván Zamorano señaló que “Colo-Colo hizo un partido correcto en lo táctico y cuando sufrió los ataques de Católica respondió como se esperaba lo hiciéramos siempre, como no lo hicimos en el partido de ida”. Consumado el avance a semifinales, se supo del rival: Universidad de Concepción, que se estrenaba en la máxima categoría del profesionalismo y sorprendía con su propuesta encabezada por Fernando Díaz en la banca y que tenía virtuosos intérpretes en cancha como Jorge Valdivia, Luis Pedro Figueroa, Juan José Ribera, Marco Olea y Andrés Oroz.
La ida de semifinales ante el “Campanil” fue la ocasión ideal para el reencuentro de “BamBam” con las redes: ingresando en el minuto 73, en reemplazo de Manuel Neira, Zamorano se las arregló para sorprender con dos tantos en el tramo final del partido y sentenciar el 3-0 que dejó a los albos a las puertas de su segunda final consecutiva. En la vuelta, jugada en Concepción ante 33.151 espectadores, Colo-Colo aseguró su paso a la final con un trabajado triunfo de 3-2, bajo la gran actuación de Marcelo Espina, que anotó dos goles. Ese día, Zamorano disputó 69 minutos y cerró su paso por la región del Biobío con un escueto “el sueño de ser campeón está cada día más cerca”.
El rival en la final era Cobreloa, que había despachado con gol de oro a Huachipato y se aprontaba al alejamiento de Nelson Acosta, quien tras la final asumiría la dirección técnica de la selección boliviana. El duelo de ida, jugado en Santiago, mostró más cerca del triunfo a Colo-Colo, sin embargo, la conformidad de Cobreloa se reflejó en el 0-0 final que los dejaba con la primera opción para la vuelta. Iván Zamorano tuvo una jugada en el minuto 35: su tiro fue contenido por Nelson Tapia. Luego, en el minuto 45, el delantero pivoteó a Marcelo Espina, que desvió ante la valla loína. En el segundo tiempo, el goleador recibió un centro de Quinteros que nuevamente es desviado por Nelson Tapia. “Rescato la actitud. Estuvimos cerca, pero no pudimos. Cobreloa terminó jugando con siete defensas. Ellos fueron mucho menos de lo que habían mostrado” señaló “BamBam” tras el partido.
La vuelta de la final, el domingo 6 de julio, es un capítulo que cierra de manera triste el paso de Iván Zamorano por Colo-Colo. El partido fue manejado con tranquilidad por Cobreloa tras la apertura de la cuenta, obra de Luis Fuentes. En el complemento, los locales encontraron el 2-0 promediando la etapa, por lo que la desesperación comenzó a merodear en el equipo colocolino, que no le encontraba la vuelta al partido y veía como se esfumaba la opción del bicampeonato. Tras el 3-0, obra de Patricio Galaz, asomó la debacle, que terminó con las expulsiones de Miguel Riffo, Marco Villaseca e Iván Zamorano, este último, enviado a camarines por el árbitro Carlos Chandía tras agredirle con dos golpes al pecho. Una vez consumada la expulsión del mundialista en Francia 98, este propinó un pisotón al juez y agredió verbalmente a Patricio Polic, cuarto árbitro. A esa hora, el partido ya daba lo mismo para los albos, que lamentaron un nuevo gol de Galaz y un contundente 4-0 que devolvió la gloria perdida a Cobreloa desde 1992.
Ya en camarines y con las revoluciones controladas, Zamorano declaró: “Cobreloa es el justo campeón por lo que hizo durante el campeonato, pero es triste perder. Colo-Colo buscó el partido desde el primer minuto, hicimos todo lo posible por llevar a una alegría a millones de colocolinos y no pudimos. Pero todavía queda mucho por delante… Me queda la sensación de que pudimos haber hecho mucho más, por eso me voy con un sabor amargo y de decepción. Hay una tristeza muy grande dentro de mí. No pudimos dar la vuelta, pero no por eso vamos a dejar de ser grandes como institución”. Sobre su expulsión, señaló: “era una final y pasó lo que pasó. Hubo un offside clarísimo de dos metros que no lo vio. Creo que hubo nerviosismo de parte del árbitro. Yo no sé por qué me expulsó. Después que me echó, sí lo insulté, pero antes en lo absoluto, por eso no entiendo su decisión”.
Pasadas las horas tras la final, se conoció el informe arbitral, que en el caso de Iván Zamorano dio cuenta de su expulsión por “empujar fuertemente a Marco Villaseca en contra del árbitro asistente Rodrigo González y posteriormente darle un pisotón al mismo árbitro asistente. Una vez expulsado, el señor Zamorano me propina un golpe de puño en la zona costal izquierda, continúa con otro golpe de puño en mi tórax y, finalmente, me propina un violento puntapié en mi pierna izquierda a la altura de mi talón de Aquiles. Todo esto acompañado por insultos en mi contra…”. El demoledor relato de Chandía sentencia lo inevitable: once partidos de suspensión a Zamorano, tras analizar el registro audiovisual de su accionar en Calama.
La ilusión de los albos por esperar que Iván Zamorano cumpla la sanción y se reintegre al equipo de cara al torneo de Clausura se desvaneció rápidamente el viernes 18 de julio, cuando el ex capitán de La Roja se reunió en La Moneda con el Presidente Ricardo Lagos para anunciar su retiro del fútbol y enfocarse en labores sociales. De esta forma pone fin a la exitosa carrera que lo coronó en España, México e Italia, además de obtener un bronce olímpico con la selección, a la que defendió en 69 partidos, señalando 34 goles. En Colo-Colo Zamorano disputó 18 encuentros oficiales (14 por el torneo nacional y 4en Copa Libertadores de América) anotando 8 goles.
Con el tiempo, las heridas parecen lavarse y el paso de “BamBam” por Colo-Colo se recuerda como una promesa cumplida a un padre ausente, que se vivió con ilusión y no pudo cerrarse con títulos, pero se reflejó en un semestre que fue mucho más allá del fútbol homenaje, permitiendo disfrutar los últimos destellos de uno de los más grandes jugadores de nuestra historia.
Fuentes:
- Revista Triunfo
- Revista Deportes El Mercurio (diciembre 2002 y enero a julio de 2003)
