“No hay duda de que es un triunfo extraordinario. Temuco sacó la cara por Chile y esto lo decimos con enorme satisfacción. Esta pequeña ciudad le dedica la victoria a todo el país y de esta victoria se sabrá pronto en todo el mundo”.
Germán Becker Beachler, presidente Green Cross Temuco.
Green Cross de Temuco se sentó en la misma mesa de Gremio, Palmeiras y Corinthians. Y pudo hacer lo que selecciones de la talla de Brasil, Argentina y Uruguay, no pudieron, esto es, derrotar a la Unión Soviética, el sexto mejor equipo del mundo en 1962 y el cuarto mejor del planeta en 1966.
El Mundial del 62, es una fiesta universal
Domingo 10 de junio de 1962. En una hazaña para el fútbol chileno, la Roja derrotó en la ciudad de Arica a la Unión Soviética por 2-1, en el marco de los cuartos de final de la Copa del Mundo. Los dirigidos de Fernando Riera clasificaban por primera vez en su historia entre los cuatro primeros del planeta, mientras que los soviéticos volvían a casa masticando la derrota y la frustración motivada por una selección tercermundista que los empujó a la berma de la ruta al título.
¿Por qué para los rusos esta eliminación de la Copa del Mundo fue un fracaso? Por varias razones, algunas inmediatas y otras enmarcadas en un proceso. Dentro de las inmediatas, encontramos que los euroasiáticos llegaron al mundial chileno clasificando de manera invicta en su grupo frente a Turquía y Noruega. Y en la cita planetaria, en la sub sede de Arica, vencieron con facilidad a Yugoslavia (2-0), empataron sorpresivamente con Colombia (4-4) luego de ir ganando cómodamente 3-1 en el primer tiempo, y cerraron su participación con un triunfo ante Uruguay (2-1). Sin embargo, el trámite del partido y su resultado ante Chile, fue incomprensible para ellos. Y su resultado, difícil de analizar para la superpotencia comunista.
La generación dorada soviética
En cuanto al proceso, la eliminación dolió debido a que esa generación de jugadores obtuvo la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Melbourne (1956) y el título de la Eurocopa de Francia en 1960. Dicho sea de paso, con una polémica clasificación a semifinales por la no presentación de la España de Franco para disputar los cuartos de final (negándose a viajar a Moscú, por motivos políticos). Por lo tanto, en Chile, no pudieron reverdecer laureles. Y eso les dolió. Y mucho.
Eso sí, no todo era progreso para el fútbol soviético. Su situación de “potencia emergente” dentro del fútbol europeo, contrastaba con su contexto local, ya que, en la década del sesenta, el fútbol en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) no era rentado y los jugadores recibían un apoyo económico solamente cuando se ausentaban de su lugar de trabajo, mientras que los clubes debían hacer maravillas con los escasos recursos entregados por el Departamento Deportivo Soviético.
Aún con esta precariedad local, el combinado que llegó a disputar la Jules Rimet a nuestro país era sin duda la selección más exitosa de la historia del fútbol del Volga hasta ese entonces. Y en gran parte se le debía este éxito al entrenador Gavriil Kachalin, al cual la eliminación en Chile le costó su cargo.
Rumbo a Inglaterra 66
Para las clasificatorias europeas rumbo a Inglaterra 1966, asumió la banca soviética Nicolai Morozov, referente como jugador y entrenador del Torpedo Moscú. Con Morozov a la cabeza, el “Ejército Rojo” dejó en el camino a Grecia, Dinamarca y Gales en el grupo 7, perdiendo un solo partido en la eliminatoria (el último como visita ante Gales, cuando ya estaba clasificada).
Como no querían dejar nada al azar, los euroasiáticos tenían toda una planificación, acorde al objetivo que buscaban: ganar la copa del mundo. El torneo británico otorgó los siguientes cupos a los bloques continentales: Europa contaba con 9 clasificados, mientras los otros siete cupos se distribuían en Sudamérica (Brasil, Uruguay, Argentina y Chile), Norteamérica (México) y Asia (Corea del Norte). La primera fase contemplaba cuatro grupos, por lo que era fijo que los rusos compartirían grupo con una selección sudamericana. Ante esa situación, Mozorov planificó dos giras a la región: una a nivel de selecciones y otra a nivel de clubes, para evitar a toda costa que el tipo de juego latino lo complicase en el mundial, esto es, un fútbol menos físico y veloz que el europeo, pero de más chispa en espacios cortos y de mejor técnica.
La Federación de Fútbol de la Unión Soviética autorizó ambas giras. La de selecciones en 1965, enfrentando a los tres grandes del continente, empatando con Brasil (2-2), Argentina (1-1) y derrotando a Uruguay (3-1).
En cuanto a la gira por el cono sur para enfrentar a clubes, eligieron a elencos de Brasil y Chile, debido a que tras el sorteo, la Roja nuevamente sería su rival directo, esta vez en el grupo D (que además compartiría con Italia y Corea del Norte). El destino le daba una revancha al “Ejército Rojo” para demoler a La Roja.
La URSS pactó siete encuentros en Brasil (ante Palmeiras, Corinthians, Atlético Mineiro, Cruzeiro, Uberlandia y Maringá) y tres en Chile (ante la selección chilena, Deportes Concepción y Green Cross de Temuco). El técnico Morozov justificó de la siguiente manera la extensa preparación en tierras sudamericanas: “Nos sirve para buscar nuevas experiencias. Todos los encuentros para nosotros revisten importancia y creo que estos partidos nos servirán poderosamente para nuestra actuación en el Mundial de Londres”.
En Brasil, los soviéticos obtuvieron dispares resultados. El “Ejército Rojo” perdió frente al Palmeiras y al Corinthians por el mismo marcador (1-3). Se rehabilitó en Belo Horizonte, derrotando al Atlético Mineiro (6-1) y al Cruzeiro (1-0). Venció también al Uberlandia (2-0) y al Maringá (2-0), en un partido que estuvo marcado por la lesión de Lev Yashin, que encendió todas las alarmas en los del Volga. Cerró su gira en tierras canarinhas con una derrota frente al Gremio (0-2), encuentro en el que se notó la ausencia de Yashin, quien continuó el viaje a Chile para apoyar anímicamente a sus compañeros
En el mes de febrero, los euroasiáticos arribaron a Chile. El día 23, la URSS derrotó a la Roja por 2-0, en un partido pragmático. Dos llegadas, dos goles (uno de ellos de lanzamiento penal a los tres minutos de partido). Luego se trasladó a Concepción, para enfrentar al “León de Collao”, empatando 1-1.
Su gira finalizaba en Temuco, lo que generó un ambiente de amplias expectativas en la capital de la provincia de Cautín (y en varias ciudades colindantes) debido a su carácter de potencia en el fútbol europeo y por ser la primera vez que una selección extranjera visitaba La Frontera.
El “Ejército Rojo” en Temuco
Si hay algo que no se debe hacer en esta revisión, es desmerecer al plantel soviético que jugó en tierras temuquenses. De los veintidós jugadores de esta preselección, la mitad estuvo presente en Inglaterra 1966. Y de los once que jugaron contra el Pije, nueve sumaron minutos en suelo británico, incluido el arquero Bannikov (del Dynamo de Kiev) quien fue considerado el tercer portero para la justa mundialera.
Dentro de este grupo, figuraban Slava Metreveli, el “Garrincha Ruso”, campeón de la Eurocopa y autor de uno de los goles en la final. Junto a Mikhail Mesji, Valery Voronin y Josif Sabo, eran cuatro de los seis “sobrevivientes” mundialistas del año 1962. Los otros dos eran el ya mencionado Lev Yashin (cinco veces campeón del fútbol soviético con el Dinamo de Moscú) e Igor Chislenko, también del Dinamo de la capital rusa (ambos no jugaron frente al Green Cross). Por lo tanto, a esta selección rusa no se le puede calificar ni de “Selección B” o de “proyección” por ningún motivo. Al contrario. Morozov tenía claro que estos encuentros en Chile les iba a traer importantes enseñanzas para encontrar la oncena titular para su debut mundialero frente a los Norcoreanos en Middlesbrough, cuatro meses más tarde. Y sobre todo, para la revancha ante Chile en Sunderland, en el duelo que cerraba su participación en el grupo 4.
El lunes 28 de febrero llegaron los soviéticos a Cautín, alojándose en el Hotel Frontera. La delegación euroasiática estaba compuesta por 35 personas (entre jugadores, dirigentes, cuerpo técnico y traductores). Ese mismo lunes, Green Cross de Temuco llegaba desde la capital tras derrotar a Colo Colo por el torneo nacional, produciéndose un hecho anecdótico que reflejaba el cariño y agradecimiento de los aficionados temuquenses por su equipo. En la Base Aérea de Maquehue, cerca de 300 hinchas le brindaron una calurosa bienvenida a los jugadores del Pije, para luego acompañar en su vehículos particulares, al bus que trasladó a los jugadores hasta el centro de la ciudad, formando una larga caravana.
Volviendo con las visitas estelares, otro elemento llamativo fue su alimentación (bastante peculiar) que distaba mucho de lo que consumían los deportistas latinos en sus jornadas de entrenamiento. Hasta en el Diario Austral de Temuco se comentó del exótico menú. Este consistía en: “un potente desayuno que incluía yogurt con azúcar y mantequilla; embutido cocido en tajadas, cebollas crudas con pepino en escabeche, jamón crudo, un vaso de néctar y té o café. Para el almuerzo: pescado con salsa tártara o mayonesa, cebolla cruda, sopa de verduras, filete grande bien asado, papas fritas y ensalada de tomates. De postre, macedonia de frutas, helado, agua mineral y néctar. Para la cena: cebolla cruda, croquetas de pollo grandes con papas cocidas, agua mineral o néctar, té o café”.
“Comen cototo estos cabros ¿ah?”, mencionaban los sorprendidos trabajadores del comedor del hotel.
De acuerdo al Diario Austral de Temuco, el ambiente que se vivía era de una mezcla entre “fiesta, nerviosismo y atractivo que solo es capaz de entregar los momentos previos a una inolvidable jornada”. Largas filas en torno a la sede del Green se formaban para adquirir los boletos, cuyos precios fluctuaban entre los E°15 de la Tribuna Pacífico, los E°10 de Tribuna Andes y los E°2 de las Galerías Ñielol y Cautín.
Los amantes del fútbol a lo largo y ancho del sur fueron participantes activos en la previa de este partido, viajando tanto desde las grandes capitales provinciales como desde las comunas más pequeñas a comprar su entrada. Fanáticos de Concepción, Los Ángeles, Llanquihue, Frutillar, Osorno, Río Bueno, Valdivia, Puerto Montt y Chiloé, fueron los que más reservas telefónicas realizaron.
El mismo día lunes, los rusos salieron en taxis rumbo al Estadio Municipal, en donde entrenaron a contar de las 19 horas, siendo observados por un centenar de personas. Remates al arco, jugadas colectivas y aspectos individuales fueron considerados por Morozov. Al día siguiente, una de las actividades oficiales de la jornada fue el cóctel de bienvenida que la Ilustre Municipalidad de Temuco brindó a la delegación soviética en el casino del Cerro Ñielol, en presencia del alcalde Germán Becker, regidores y dirigentes de Green Cross. Los jugadores rusos quedaron gratamente sorprendidos con la naturaleza del monumento natural.
En Green Cross Temuco, no todo era felicidad y expectativas. Hubo un jugador que increíblemente se perdió el partido con los soviéticos, y no precisamente por lesión: Carlos Encinas. Durante la entrevista realizada por el autor de este artículo, nos comentó sobre una sorpresiva complicación de salud estuvo a punto de costarle algo más que el partido contra los euroasiáticos:
Una semana antes del partido con los rusos, el doctor Cumala, que trabajaba en el Hospital de Temuco, me encuentra afuera de la Galería Bulnes y me pregunta: “Encinas ¿tiene pijama?” …no, le dije, ¿por qué? Me respondió: “Tiene Ictericia, váyase de inmediato al hospital”. Me fui altiro, asustado. Me hicieron exámenes…tenía hepatitis…Me perdí el partido, no más.
El día del partido, el miércoles 02 de marzo, se respiraba un aire de fiesta en la ciudad. Las puertas del Estado Municipal se abrieron a las 17 horas. Al igual que para su inauguración, Carabineros de Chile, autorizó que camionetas y camiones (sobre todo de las zonas rurales) trasladaran a los fervorosos hinchas desde sectores recónditos que no se querían perder este encuentro.
A medida que pasaban los minutos, la fiesta en las gradas era total y el nerviosismo, también. Para hacer más corta la espera, las selecciones amateurs de Temuco y Osorno se midieron en un entretenido encuentro preliminar a las 19 horas.
El orgullo temuquense no quería resultar herido tras realizar una más que aceptable campaña en el debut en primera. Se temía (entre los más escépticos) por un mal resultado que perfectamente se podía dar frente a un equipo de envergadura mundial. Para agregar más presión, el duelo de fondo que se iniciaba a las 21 horas era considerado por el Diario Austral de Temuco como “el espectáculo futbolístico internacional de mayor jerarquía que ha podido ofrecer la ciudad de Temuco en su historia deportiva”. Hasta los partidos por el mundial de basquetbol que se jugaron en estas tierras en el año 1959, pasaron a segundo plano.
En el camarín soviético, el entrenador Nicolai Morosov ya tenía dispuesta la formación de la superpotencia: la portería sería defendida por el arquero de origen ucraniano Viktor Bannikov (del Dinamo de Kiev). Dos defensores del CSKA Moscú: Vladimir Ponomaryov y Albert Shesternyov; y dos del SKA Rostov: Valentin Afonin y Viktor Getmanov. En el medio terreno del Municipal iniciarían Valery Voronin (del Torpedo Moscú) y Josif Sabo (Dinamo de Kiev). Mientras que en la ofensiva debían participar el georgeano Mikhail Mesji (Dinamo Tbilisi), Oleg Kopalev (del SKA Rostov, equipo con el que fue máximo goleador del torneo soviético en 1963 y 1965), Anatoly Banishevskiy (del equipo armenio Neftyanik Baku) y Slava Metreveli (también del Dinamo Tbilisi). Para la eventualidad, tenía como prioridad el ingreso de Eduard Malofeyev (delantero del Dinamo Minsk de Bielorrusia).
Antes del kick off, la Barra Oficial de Green Cross Temuco realizó un espectáculo que incluyó la actuación de un grupo de artistas del circo “Las Águilas Humanas”, mientras que el infaltable “Indio Pije” realizó un respetuoso sketch, interactuando con un personaje que representaba a un divertido ruso.
Luego del show, salió la Selección Soviética por el túnel del Municipal. El aplauso respetuoso de más de 25.000 personas (22.609 controladas) para las visitas, fue llamativo y digno de destacar. Al rato, el estadio se vino abajo con la salida del Green, mientras explotaban en los aires fronterizos decenas de potentes fuegos artificiales. Al formarse ambos equipos, se izó el pabellón nacional y se reprodujo por los altoparlantes el himno patrio, el cual tuvo que ser repetido a pedido del público, por la banda del Regimiento Tucapel. Antes de desparramarse por el gramado del coloso, cada jugador albiverde le entregó un arreglo de copihues a cada uno de los jugadores rusos.
El referee José Luis Silva sopló fuerte el silbato y se inició el esperado partido. Los primeros 15 minutos fueron de dominio soviético, con remates de fuera del área y centros buscando a sus espigados jugadores. De ahí en adelante, los rusos fueron aún más punzantes, transformando al arquero greencrossino Francisco Fernández en figura. El golero atajó un par de tiros a quema ropa y otros potentes disparos a los rincones de su pórtico, a pesar de la desconfianza inicial de algunos hinchas en las tribunas: “nos van a llenar la canasta” se comentaba en muchas partes, porque Pancho Fernández tenía la característica de jugar adelantado. Ese partido, como nunca, lo jugó bajo los tres palos de forma maravillosa. Señaló en entrevista para Revolución en La Frontera II, el comentarista deportivo de Radio Universal de Pitrufquén, Juan Rodríguez, quien fue testigo presencial de ese encuentro en la Galería Ñielol detrás del arco norte.
Cuando fue entrevistado por el autor de esta nota, Claudio Antezana (titular frente a los bolcheviques) cambia su semblante al recordar el verano de 1966: “Fueron días maravillosos. El sábado le habíamos ganado a Colo Colo en Santiago, llegamos el lunes a Temuco. El día del partido, la barra oficial nos dio un diploma por el sexto lugar del campeonato (1965). La barra completa se vestía de mapuche…Empezó el partido y nosotros veíamos pasar a los rusos los primeros quince minutos… eran grandes y rápidos. Corrían y tiraban el centro. Nos superaban en estatura y nosotros le poníamos los codos para frenarlos”.
Solo una llegada a fondo tuvo el Green en la primera etapa, con un remate desviado de Hoffmann. El resto del partido, el mediocampo albiverde tuvo la posesión del balón y el control del medio terreno junto a un gran despliegue físico, al que no se estaba acostumbrado en el fútbol criollo.
Rodolfo Leal, jugador titular de Green Cross de Temuco esa noche, en entrevista para el “Revolución en La Frontera II” recuerda cómo se fue desarrollando ese partido en el Municipal: “Físicamente había una diferencia enorme. Los balones divididos los ganaron todos, pero no eran buenos en el control y dominio de la pelota. A esa altura, Mocciola no nos insistió tanto en lo táctico, sino que nos dio la libertad para hacer lo que sabíamos”.
En una jugada que pudo marcar el desarrollo del partido, antes de finalizar la primera fracción, Body sacó de la raya un disparo de Banishevskiy. Pitazo de Silva y fin de la primera parte. Ambos elencos se fueron al descanso sin goles a su haber.
La segunda etapa se desarrolló de manera similar a la primera. Con los soviéticos jugando de manera incisiva y un Green Cross tratando de dominar el mediocampo. A los dos minutos, Fernández (a estas alturas, la figura del encuentro) nuevamente salvó un gol cantado, ante el remate de Banishevskiy.
Cinco minutos más tarde, ocurre lo impensado. Urra decide salir desde el fondo con balón dominado. Confiadamente los jugadores rojos no lo marcaron al observar la solitaria acción. Urra siguió con confianza y aumentó la velocidad en medio terreno, dirigiéndose raudamente por la banda derecha hasta alcanzar el último cuarto de cancha. A la altura del área penal, envió un centro que sorprendió a los europeos, apareciendo el argentino Edgardo D’Ascenzo entremedio de los centrales, rematando en la boca del arco un tiro rasante que pasó por debajo del arquero Bannikov, anidándose en las redes de la puerta soviética. Era el 1-0 a favor de Green Cross de Temuco y con ello, se desataba la euforia en el Municipal. Los hinchas temuquenses no lo podían creer. Los representantes del Kremlin, tampoco.
Juan Rodríguez hace memoria y recuerda la génesis del tanto: El uruguayo Benítez baja a cooperar a la defensa y se la devuelve a Fernández. En esos años era válida la devolución al portero. Fernández se la cede a Urra que se manda por la banda y dispara cruzado frente al zaguero central de dos metros que marcaba a D’Ascenso, el argentino se cruza en la trayectoria, lo cachetea y el balón ingresa lo que provocó una algarabía inmensa, los rusos no se pudieron sacar el 1-0.
Los visitantes sintieron el gol, de hecho, D’Ascenzo estuvo a punto de marcar el 2-0 pero el balón no alcanzó la fuerza adecuada. De ahí en más, despertó la URSS, aumentando sus llegadas al arco araucano, mientras el Green se encargó de salir de contra y complicar a los soviéticos, controlando las acciones casi durante todo el segundo tiempo. Al terminar el partido una ovación atravesó la noche temuquense. Abrazos en las tribunas y en la cancha. Los hinchas pidieron la vuelta olímpica, siendo realizada de manera gustosa por los jugadores del Pije. De fondo, fuegos de artificio e improvisadas antorchas hechas con el diario o con lo que fuera. Gastón Guevara vibró con ese encuentro, no en la cancha, sino como parte del staff técnico del Green Cross Temuco. En entrevista para Revolución en La Frontera II, recordó ese histórico partido:
– ¿Cómo recuerda ese partido, Don Gastón?
Yo ya era parte del cuerpo técnico de Temuco para el año 1966. Fue un partido extraordinario. La Unión Soviética era una potencia a nivel mundial. Justamente tuvimos la fortuna además de realizar un excelente partido. Ganarle a Rusia fue un notición a nivel nacional e internacional.
Juan Rodríguez, complementa las palabras de Guevara: En Santiago no lo podían creer. Ese partido marcó tendencia y el Green Cross Temuco se hizo un nombre a nivel nacional. De todas maneras, es el mejor partido que yo le vi al Green Cross, a lo menos entre las fechas que abarca tu libro, el Revolución en La Frontera II (1962 1968). Y es uno de los mejores partidos realizados en la historia de la ciudad.
Los flashes de los reporteros se quedaban con D’Ascenzo, el héroe. Y con Fernández, la figura descollante, reconocido por el mismismo Lev Yashin, quien le regaló personalmente sus guantes. De hecho, el ruso creía que “Atila” era el arquero de la selección chilena.
El periodista ALGOR, en Revista Estadio, resumió el encuentro de la siguiente manera: La Unión Soviética con un fútbol veloz y una marcación individual a presión ganó anoche el medio campo porque tiene jugadores de mayor físico. Su juego no es atractivo, pero si efectivo. Con sentido de anticipación y moviendo la pelota preferentemente por los costados (…) oportunidades de gol tuvo, pero a ratos mostraron ingenuidad. Carecieron de la chispa latinoamericana (…) lo que facilitó las contenciones de una correcta defensa (…) cuyo mayor interés fue cuidar el balón y lo consiguió plenamente.
Con el 1-0 estimamos que el nombre de Green Cross se consagra internacionalmente. Este triunfo va a llegar a todas partes del mundo, especialmente a aquellos países que intervendrán en el mundial de Inglaterra. Green Cross no tenía por qué esconder nada: supo defenderse, atacar y conquistar la más brillante victoria de toda su historia, ya que estaba con los colores patrios en el corazón de 11 hombres que hicieron posible este inesperado 1-0.
Las reacciones de los protagonistas no se dejaron esperar. Carlos Hoffmann manifestó en el Diario Austral de Temuco que se encontraban contentísimos con esta victoria: “Le hemos ganado a los rusos que son candidatos en Londres. Entramos con el ánimo de ganar, como lo hacemos siempre”.
En el mismo matutino, el defensor Juan Body apuntó que se encontraba muy contento con el triunfo: “El equipo ruso es extraordinario. Todos son muy veloces y al comienzo anduvimos flaqueando. Luego supimos conservar la calma y terminamos por imponernos”. Al consultarle sobre Metrevelli, la gran figura soviética señaló que: “es sencillamente extraordinario. Al comienzo le deje la orilla, pero me llevó con facilidad, ya que tiene un pique endiablado. Después creo que me afirmé y tomé precauciones hasta conseguir un control casi total sobre él. Es un gran triunfo para nosotros”.
Luego del partido, el técnico Miguel Mocciola, le señaló al Diario Austral: “Imagínese, es una satisfacción inmensa la que siento. Le hemos ganado a la selección rusa. Esta victoria ratifica la gran segunda rueda que hicimos en el campeonato profesional. Es un orgullo para todos”.
Claudio Antezana recuerda lo que fue el pitazo final: “Cuando terminó el partido, la gente entró a la cancha. Fue una noche inolvidable, parecía año nuevo. Toda la ciudad salió a la calle a festejar. En todas las casas se hizo fiesta. Fue un suceso mundial, los rusos no creían que habían perdido con un club chileno”.
Finalmente, al ser consultado por el Diario Austral de Temuco, el líder directivo del Club, Germán Becker dejó claro que: “No hay duda que es un triunfo extraordinario. Temuco sacó la cara por Chile y esto lo decimos con enorme satisfacción. Esta pequeña ciudad le dedica la victoria a todo el país y de esta victoria se sabrá pronto en todo el mundo”.
Y así fue. El triunfo de Green Cross Temuco dio la vuelta al mundo futbolero. Si bien los euroasiáticos habían perdido ante clubes brasileños, en Europa estaban claros que los equipos de la primera división de Brasil eran prácticamente un símil de la verdeamarela. Pero no pensaban lo mismo del fútbol chileno. Menos de un equipo recién ascendido administrativamente a la primera división hace casi un año, alejado cientos de kilómetros de la capital y que representaba a una pequeña ciudad del país.
El Green hizo lo que no pudieron hacer cuatro meses más tarde en el mundial, selecciones de la talla de Italia o Hungría. Los temuquenses le ganaron a la selección que resultó cuarta en el mundial de Inglaterra, perdiendo el podio solo ante el Portugal de Eusebio.
El 1-0 se disfrutó como un hecho que por entonces se calificó de histórico. Y lo sigue siendo hasta el día de hoy. Han pasado 60 años y poder escribir estas líneas para mantenerlo vivo, es un honor y una manera de atesorarlo. Del mismo modo como deben estar atesorados en algún lugar de Chile, los guantes que regaló Yashin, o los amarillentos recortes del Diario Austral de Temuco, guardados en un álbum de fotos en algún lugar de Rusia.
GREEN CROSS TEMUCO 1-0 UNIÓN SOVIÉTICA
2/03/1966. Amistoso internacional. Estadio: Municipal de Temuco. Público: 22.609. Árbitro: José Luis Silva.
GREEN CROSS TEMUCO: Francisco Fernández; Nibaldo Urra, Claudio Antezana, Juan Body, Alfredo Zúñiga, Hugo Rivera, Gonzalo Cuevas, Rodolfo Leal, Edgardo D’Ascenzo, Eladio Benítez y Carlos Hoffmann. DT Miguel Mocciola.
UNIÓN SOVIÉTICA: Viktor Bannikov; Vladimir Ponomaryov, Albert Shesternyov, Valentin Afonin, Viktor Getmanov, Valery Voronin, Josif Sabo, Mikhail Mesji, Oleg Kopalev (Eduard Malofeyev), Anatoly Banishevskiy, Slava Metreveli). DT Nicolai Morozov.
GOL: 52’ E. D’Ascenzo (GC).
1) El “Indio Pije” y una mujer mapuche ingresan a la cancha.
2) Aviso del Club en el Diario Austral sobre el valor de las entradas, puntos de venta, horario de ingreso y apertura del estadio para el día del partido.
3) Volada plástica de Francisco Fernández, uno de los puntos altos en el encuentro frente a la URSS.
4) Banishevskiy elevándose y ganándole en el salto a Body y Antezana.
Fuente: El Diario Austral de Temuco. Jueves 03 de marzo de 1966.
